¿Pueden los animales entender nuestro lenguaje?

Desde perros que usan botones hasta bonobos que entienden frases: la frontera entre lenguaje humano y animal es más borrosa de lo que creíamos.
Pueden los animales entender nuestro lenguaje

Spoiler: no están listos para una charla filosófica… pero algunos se acercan más de lo que imaginamos.

A principios del siglo XX, un caballo llamado Clever Hans se convirtió en celebridad en Alemania. Aplaudido por su supuesto talento para resolver problemas matemáticos y entender el alemán, el equino hacía lo que muchos estudiantes sueñan: responder sin hablar. Pero cuando los científicos se tomaron el asunto en serio, descubrieron que Hans no hacía cálculos ni entendía palabras: simplemente captaba las señales involuntarias del cuerpo de su entrenador. Su talento era, en realidad, el de un lector intuitivo de lenguaje corporal.

Desde entonces, la ciencia ha tratado de responder una pregunta que parece simple, pero está cargada de implicaciones: ¿pueden los animales entender el lenguaje humano?

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Primates que señalan, perros que presionan botones

El caso de Koko, la gorila que aprendió a usar unos mil signos del lenguaje de señas y respondía a más de 2.000 palabras habladas, es uno de los más famosos. Pero Koko no era exactamente fluida: a veces se expresaba sin sentido y sus cuidadores interpretaban sus gestos con mucha, digamos… generosidad. Koko comunicaba, sí. Pero, ¿hablaba?

Más interesante aún es Kanzi, un bonobo que vivió hasta 2025. Kanzi usaba un tablero con símbolos —un lexigrama— para expresar deseos, acciones y nombres. Según los investigadores, incluso podía entender frases nuevas en inglés y reaccionar correctamente en el 75% de los casos. Superaba, en esa tarea, a un niño humano de dos años y medio. Sin embargo, la gran barrera sigue siendo la sintaxis: la capacidad de combinar palabras de forma coherente para expresar ideas complejas. Ahí, por ahora, Kanzi y compañía siguen sin graduarse.

Perros: los poliglotas domésticos

Pero no hace falta irse a la selva o al laboratorio. Basta con mirar a los pies del sofá. Chaser, una border collie apodada “la perra más inteligente del mundo”, aprendió más de mil palabras y podía diferenciar entre “trae el peluche al zapato” y “trae el zapato al peluche”. Es decir, comprendía estructuras —elementos básicos de la gramática.

Y hay más. Investigadores como Federico Rossano están entrenando perros con tableros de botones que reproducen palabras. En un estudio con 59 canes, descubrieron que muchos reaccionaban a palabras como “afuera” o “jugar” incluso sin gestos ni tono humano que las acompañara. Algunos iban a la puerta. Otros buscaban un juguete. Lo curioso es que también sabían ignorar las palabras sin sentido. Un avance, aunque con matices: aún no distinguen bien entre sonidos similares como “sit” y “set”.

Lo más intrigante es que algunos perros parecen usar combinaciones de botones para referirse a cosas sin nombre, o hablar de ausentes. Si esto se confirma, estaríamos ante una forma elemental de abstracción lingüística. Un salto enorme desde los ladridos.

una persona dando órdenes a un perro

¿Lenguaje o interpretación?

Aquí surge la vieja duda de Clever Hans: ¿están los animales entendiendo el lenguaje, o simplemente respondiendo a estímulos, entonaciones o patrones aprendidos? ¿Qué tanto hay de comprensión real y qué tanto es condicionamiento disfrazado?

La respuesta, al menos por ahora, es un sí con asterisco. Algunos animales no solo responden a órdenes, sino que parecen construir significados, recordar palabras, distinguir entre frases y —en algunos casos— combinarlas. No hablan, pero comunican. Y eso, en un mundo donde muchos humanos no logran escucharse entre sí, no es poca cosa.

Quizás no lleguemos a tener conversaciones existenciales con nuestros perros o a discutir gramática con un bonobo. Pero la idea de que el lenguaje, o al menos sus esbozos, no sea exclusivamente humano… nos obliga a repensar lo que significa entender.

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