Campeones del apnea: los animales que aguantan la respiración como si el oxígeno fuera opcional

Desde ballenas que desaparecen durante horas hasta tortugas que "respiran" por la cloaca: el sorprendente arte de no respirar en el reino animal.
Animales que aguantan la respiración más tiempo bajo el agua

Respirar es fácil. Hasta que no lo es. Mientras tú y yo inhalamos sin pensar —en el sofá, en el ascensor, en medio de un bostezo mal disimulado—, hay criaturas en este planeta que convierten la falta de aire en una forma de vida. Literalmente.

Algunas especies han resuelto el dilema respiratorio con soluciones francamente ingeniosas: hay quienes se fabrican burbujas portátiles como si fueran escafandras de bolsillo; otros diseñan trajes corporales que retienen oxígeno como si fueran submarinistas de neopreno. Pero luego están los verdaderos estoicos: los que simplemente aguantan la respiración. Sin drama, sin quejarse. Como si quedarse sin oxígeno fuera solo un pasatiempo de domingo.

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Respirar o no respirar: esa es la distinción

Antes de coronar al campeón mundial del apnea animal, conviene afinar la pregunta. Porque no es lo mismo sobrevivir bajo el agua que elegir quedarse ahí voluntariamente. Un insecto atrapado puede durar horas sin oxígeno —como ciertas hormigas, pequeñas heroínas atrapadas en goteras existenciales—, pero eso no significa que les guste el buceo recreativo.

Y hay otra condición importante: para aguantar la respiración, primero hay que tener pulmones. Parece obvio, pero nunca falta quien quiera nominar a un pez, como si el salmón practicara yoga pulmonar.

Las tortugas y su mística del invierno eterno

Si lo que cuenta es resistir bajo el agua sin morir en el intento —y sin salir a tomar aire como un turista que no soporta el sol sin sombrilla—, entonces las campeonas absolutas son algunas tortugas de agua dulce. En concreto, la tortuga de Blanding (Emydoidea blandingii), que cuando llega el frío hace lo más sensato: se deja caer al fondo del lago, apaga su metabolismo como quien apaga las luces de la casa, y ahí se queda. Meses. Literalmente.

Claro, hay un pequeño truco. No respira, pero absorbe algo de oxígeno por el trasero. O, mejor dicho, por la cloaca, esa maravillosa multiusos de la anatomía reptil: sirve para reproducirse, defecar y —sí, también— respirar. Es como si tuviéramos una nariz alternativa escondida donde nadie la espera.

El tamaño sí importa

En esto del apnea, los grandes llevan ventaja. Más cuerpo, más reservas de oxígeno, y paradójicamente, menos consumo proporcional. Como un SUV con un depósito gigante que apenas consume si lo llevas a 40 km/h.

Por eso, entre los pulmonados verdaderamente profesionales, hay que mirar hacia los grandes mamíferos marinos. El récord lo ostenta el zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris), una especie de submarino viviente que ha registrado inmersiones de hasta 3,7 horas. Otros cetáceos no se quedan atrás: el cachalote, el zifio de Arnoux… un desfile de gigantes silenciosos que desaparecen en las profundidades como si fueran parte del propio océano.

¿Cómo lo hacen? Con un cóctel bioquímico digno de envidia: bajan el ritmo cardíaco, cierran órganos como quien cierra habitaciones para ahorrar calefacción, y aprovechan proteínas superdotadas que almacenan oxígeno (hemoglobina en la sangre, mioglobina en los músculos). Y si todo eso falla, activan el plan B: metabolismo anaeróbico. Es decir, generan energía sin oxígeno, aunque eso implique producir ácido láctico como si hubieran corrido una maratón con resaca. Pero ellos aguantan. Estoicos hasta el final.

Reptiles: lentos, fríos y... ganadores

Pero si lo que se premia es la duración bruta bajo el agua, sin importar demasiado si es por deporte o por puro pánico, entonces los grandes ectotermos —animales de sangre fría como los cocodrilos o las tortugas marinasganan por goleada.

Un cocodrilo australiano aguantó 6,7 horas sin salir a la superficie cuando percibió un posible peligro. Pero la verdadera reina del apnea es la tortuga boba (Caretta caretta), con un récord insólito: más de 10 horas bajo el agua. Y no estaba muerta, ni dormida, ni de huelga de oxígeno. Simplemente, estaba allí. Esperando.

¿Su secreto? No tener que calentar su cuerpo. Mientras los mamíferos marinos gastan energía para mantener la temperatura, estos reptiles bajan el termostato interno hasta el mínimo vital, y así ahorran como un monje franciscano en tiempos de inflación. Algunos incluso se tumban en el fondo del mar o se esconden en cuevas submarinas como si fueran ermitaños en busca de iluminación oceánica.

En resumen: ¿quién gana?

Depende. Si consideramos la apnea voluntaria y activa, el zifio de Cuvier es el campeón entre los mamíferos. Si premiamos la inmersión más prolongada sin salir a respirar en absoluto, incluso contando respiración cloacal, las tortugas de agua dulce ganan con truco. Y si ignoramos las convenciones y celebramos la resistencia sin aspavientos, la tortuga boba se lleva la corona, silenciosa y decidida.

Al final, en el reino animal, aguantar la respiración no es una prueba de voluntad, sino de estrategia evolutiva. Y mientras nosotros contenemos el aire durante unos segundos por puro juego, hay seres que lo hacen por supervivencia... y lo hacen mejor que nadie.

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