¿Cultivar en Marte con sangre menstrual? Una misión femenina rompe tabúes y siembra futuro

Sangre lunar para suelo marciano: cuando lo íntimo se convierte en semilla del futuro espacial.
Cultivar en Marte con sangre menstrual

Durante siglos, la menstruación fue un tema relegado a los márgenes de la ciencia, la conversación y, desde luego, del espacio exterior. Pero ahora, en una curiosa vuelta de tuerca cósmica, aquello que tradicionalmente se vio como “residuo” podría convertirse en una herramienta de supervivencia extraplanetaria.

La misión Hypatia II, liderada por científicas españolas en una simulación marciana en el desierto de Utah, ha planteado algo que suena a ciencia ficción pero que, paradójicamente, está más cerca de la ciencia agrícola que de las novelas espaciales: usar sangre menstrual como fertilizante para cultivar alimentos en Marte.

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Un ciclo que nutre, no estorba

copa menstrual

Durante dos semanas de aislamiento extremo —con restricciones de agua, movilidad y comida— las astronautas de Hypatia II no solo sobrevivieron: menstruaron, usaron copas menstruales y recolectaron su propia sangre para alimentar plantas. El experimento, realizado en la Mars Desert Research Station, ha arrojado resultados preliminares que despiertan tanto asombro como esperanza.

Según explicó la geóloga Marina Martínez, una disolución de sangre menstrual con agua aplicada a un semillero de legumbres produjo más raíces y brotó antes que su versión sin fertilizante. Nada mal para un recurso que la ciencia —por prejuicio, tabú o simple omisión— jamás se había tomado en serio.

¿Lo más llamativo? La sangre menstrual no solo fue útil, sino valiosa, en un entorno donde los brotes verdes son tan preciados como el oxígeno.

Ciencia, cuerpo y sesgo de género

Pero el hallazgo no es solo agrícola: es también profundamente simbólico. Porque hasta hace muy poco, la menstruación era vista como un “problema logístico” en las misiones espaciales. Las astronautas eran hormonadas para suprimirla y evitar “residuos no reciclables”, como tampones o compresas. En los 80, la NASA creyó que Sally Ride necesitaba 100 tampones para una misión de siete días. Cien. Para siete días.

Más que ignorancia, era desinterés condecorado.

Por eso Hypatia II no solo está sembrando plantas. Está sembrando otra forma de hacer ciencia: una donde el cuerpo femenino no sea un problema a resolver, sino una herramienta de adaptación y sostenibilidad.

Además del experimento con sangre, las tripulantes realizaron estudios sobre la pérdida de masa muscular, composición corporal y la respuesta del cuerpo femenino en condiciones extremas. ¿Conclusión preliminar? Mantuvieron peso y fuerza, pero perdieron masa muscular, un dato crucial para planificar futuras misiones espaciales de larga duración.

De lo íntimo a lo interestelar

Que la menstruación, tan íntima y terrestre, se convierta en posible recurso de vida en Marte, es una de esas ironías que la ciencia a veces regala. Como si la biología —esa fuerza que tantas veces se ha tratado de esconder— dijera en voz alta: también puedo construir futuro.

Y tal vez eso sea lo más revolucionario de Hypatia II: que ha logrado transformar un tabú en tecnología, un cuerpo en laboratorio, y una misión de simulación en una apuesta muy real por el futuro interplanetario… con perspectiva de género.

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