El universo se acaba antes de lo pensado: ¿Cuánto tiempo queda?

Los científicos acaban de dar una noticia que, en otro contexto, habría sido motivo de alarma: el universo se acaba más rápido de lo que pensábamos. Pero como los humanos somos expertos en preocuparse por lo inmediato —el precio del pan, la próxima factura de electricidad, o si alguien dejó en visto nuestro mensaje—, la idea de que el cosmos se extinga en unos 10^78 años nos provoca, en el mejor de los casos, un bostezo metafísico.
Hasta hace poco, los cálculos más ortodoxos situaban ese apocalipsis térmico en torno a 10^1.100 años. Una cifra tan indecente que ni siquiera el optimismo de un inmortal podría con ella. Pero ahora, gracias a los trabajos del trío holandés Heino Falcke, Michael Wondrak y Walter van Suijlekom —que suena más a banda de jazz que a equipo de investigación—, sabemos que el universo ha comenzado su lenta despedida antes de lo previsto. Menos tiempo para la eternidad. Más prisa para el olvido.
La clave está en la reinterpretación de la famosa radiación de Hawking, ese fenómeno tan elegante como absurdo en el que los agujeros negros, en lugar de tragarlo todo, también escupen, como si tuvieran momentos de cortesía cuántica. Lo interesante de la nueva investigación es que no solo los agujeros negros se evaporan: también las estrellas de neutrones, esos cadáveres estelares que parecen más inmutables que una piedra en el desierto.
- Lectura recomendada:
Y aquí aparece la ironía cósmica: una estrella de neutrones, por muy densa y seria que parezca, se desintegra igual de lento que un agujero negro. Ambos se toman unos 10^67 años para desaparecer. Un empate inesperado, como si un elefante y una cucaracha corrieran una maratón y cruzaran la meta juntos.

Pero, atención: las estrellas más longevas del universo, las enanas blancas, todavía aguantan un poco más. Hasta 10^78 años, según los nuevos cálculos. Después de eso, ya no queda ni el eco de un suspiro. Ni luz, ni movimiento, ni drama. Solo una negrura silenciosa, más fría que el desprecio absoluto y más solitaria que el último pensamiento del último ser consciente.
No es poca cosa que el universo, con toda su pompa y circunstancia, tenga fecha de caducidad. Y más aún que la tenga no por una explosión cataclísmica, sino por una lenta exhalación cuántica. No morirá de un infarto, sino de vejez. De un desapego gravitatorio, de una desintegración sin testigos.
- Lectura recomendada:
- Lectura recomendada:
Pero no se alarme el lector. Según los cálculos, aún quedan 10 seguido de 78 ceros antes de apagar la luz. Tiempo más que suficiente para pagar la hipoteca, reconciliarse con algún ex y quizá —si la inteligencia artificial no lo arruina antes— entender de una vez qué hacemos aquí.
Mientras tanto, la eternidad sigue su curso. Un poco más corta, sí, pero igual de insondable.
Deja una respuesta

Artículos Relacionados