¿De verdad tengo que dejar la carne para salvar el planeta?

Un análisis de 2.500 alimentos sugiere que no hace falta volverse vegano para cuidar el planeta: basta con dejar la res roja y moderar el resto.
Comer carne y salvar el planeta

Un nuevo estudio dice que no hace falta volverse mártir… pero sí cambiar de menú.

Durante años nos han repetido el mantra con tono apocalíptico: “Si quieres salvar la Tierra, deja la carne.” Como si el bistec del domingo fuera responsable del colapso ecológico y la desaparición de los glaciares. Pero ahora, desde Dinamarca, llega una noticia que hará suspirar de alivio a más de uno: no hace falta volverse vegetariano para vivir en paz con el planeta… aunque tal vez sí debas romper con la vaca.

Un equipo de científicos de la Universidad Técnica de Dinamarca analizó nada menos que 2.500 alimentos y 11 tipos de dieta, desde la carnívora empedernida hasta la vegana mística, pasando por híbridos más flexibles, como el pescetariano o el omnívoro con cargo de conciencia. El objetivo: descubrir qué combinaciones son a la vez saludables para el cuerpo y sostenibles para el mundo. Y lo lograron.

Según la doctora Caroline Herlev Gebara, líder del estudio, es posible alimentarnos bien sin llevar a la Tierra al colapso… siempre y cuando pongamos ciertos límites. Por ejemplo, no más de 255 gramos de carne blanca por semana. Lo que viene a ser, grosso modo, dos pechugas de pollo o una chuleta de cerdo tamaño generoso.

¿Y la carne roja? Ah, esa sí quedó fuera del menú. Y no por capricho ideológico, sino por una razón tan contundente como su aroma a la parrilla: su huella ecológica es descomunal. Producir carne de vaca genera muchas más emisiones de gases de efecto invernadero que el pollo o el cerdo. Y no se trata solo de los recursos que consume, sino también de lo que excreta. Literalmente. Las flatulencias y eructos del ganado vacuno son una sinfonía de metano. Una orquesta digestiva tocando en el tono de la catástrofe climática.

Producir carne de vaca genera muchas más emisiones de gases de efecto invernadero
Producir carne de vaca genera muchas más emisiones de gases de efecto invernadero

El estudio no se limitó al CO₂. También midió el impacto ambiental en cinco frentes: uso de suelo, consumo de agua, contaminación por fertilizantes, pérdida de biodiversidad y, claro, emisiones. Y a pesar del panorama, hay una luz al final del túnel (que no es la de la parrilla): encontraron cien mil combinaciones de alimentos que son, a la vez, nutritivas y sostenibles.

Lo más interesante es que muchas de estas combinaciones permiten comer carne… con moderación. Porque no todo es blanco o tofu. La investigación sugiere que los cambios no tienen por qué ser drásticos, sino inteligentes. Reducir, sustituir, equilibrar. Como quien aprende a tomar café sin azúcar: al principio cuesta, pero luego ya no hay vuelta atrás.

Eso sí, la doctora Gebara advierte que una cosa es que sea posible y otra que sea fácil. Porque para que estas dietas se hagan realidad no basta con cambiar lo que hay en el plato. Hay que cambiar estructuras enteras: cadenas de producción, subsidios, hábitos culturales y precios en el supermercado. Y eso, digámoslo claro, no cabe en una receta.

Así que no, no hace falta volverse vegano extremo para ser parte de la solución. Pero tampoco podemos seguir comiendo como si el planeta tuviera repuestos. El punto medio, al parecer, no solo es saludable: es urgente.

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