Cazadores de fantasmas… cuánticos: cuando los físicos y la IA persiguen OVNIs

Inspirados por su caza de lo invisible, científicos adaptan herramientas de física de partículas para separar mitos de datos en el cielo.
Físicos usan IA para investigar OVNIs con método científico

Durante décadas, los objetos voladores no identificados —rebautizados con burocrático pudor como Fenómenos Anómalos No Identificados (UAPs)— habitaron el limbo entre la ciencia ficción y la conspiranoia. Pero ahora, en un giro más propio de un episodio de Black Mirror que de Expediente X, un grupo de físicos ha decidido tomarse en serio lo que antes solo investigaban los teóricos del aluminio en la cabeza. Y lo hacen con el arma más afilada de nuestro tiempo: inteligencia artificial.

Sí, físicos. De esos que suelen hablar más de neutrinos que de naves nodrizas. De hecho, muchos de ellos se dedican a cazar algo todavía más escurridizo que los OVNIs: la materia oscura, esa sustancia invisible que constituye la mayor parte del universo… y que se comporta, curiosamente, como un testigo que no quiere hablar. Así que, siguiendo una lógica tan poética como improbable, decidieron aplicar los métodos para detectar materia oscura a la búsqueda de UAPs. Porque, al fin y al cabo, lo desconocido —sea cósmico o atmosférico— siempre comparte ese perfume de enigma que tanto seduce a los científicos con alma de exploradores.

La iniciativa está liderada por Matthew Syzdagis y Kevin Knuth, dos físicos de la Universidad de Albany que han reunido a más de 30 colegas internacionales para establecer un protocolo científico para la caza de UAPs. El proyecto, lejos del sensacionalismo, parte de una premisa tan básica como revolucionaria: aplicar el rigor del método científico a un campo históricamente relegado a los márgenes de la academia. Y si algo se repite como mantra en el equipo es la palabra clave: verificable.

Para lograrlo, han desarrollado una herramienta bautizada con ese tipo de nombres que emocionan a cualquier nerd: C-TAP (Custom Target Analysis Protocol), un software de análisis de imágenes infrarrojas que usa machine learning para distinguir entre “ruido digital” y eventos potencialmente inexplicables. C-TAP examina fotograma a fotograma como quien descompone una sinfonía buscando una nota discordante: un píxel fuera de lugar, una luz que no corresponde, un patrón que no encaja.

Pero la inteligencia artificial no trabaja sola. El equipo cruza datos de radares meteorológicos, mapas de radiación cósmica y cálculos trigonométricos para excluir explicaciones convencionales —desde drones hasta la Estación Espacial Internacional—. Y así, poco a poco, se va filtrando el grano de la paja. O, si se prefiere, la estrella fugaz del platillo volador.

Su primer gran experimento fue una revisión de datos recolectados en Laguna Beach, California, en 2021, durante un pico de reportes de UAPs. Horas y horas de grabaciones visibles, nocturnas e infrarrojas; decenas de mediciones de radiación de fondo… y al final, como suele pasar cuando se busca con lupa, casi todo resultó tener explicación. Excepto una pequeña anomalía: un grupo de puntos blancos brillando en un punto oscuro. Un destello de misterio, apenas una rendija. Pero suficiente para mantener vivo el interrogante.

Y ahí está la ironía más deliciosa de este asunto: en un mundo hipertecnológico, donde podemos cartografiar el genoma humano o enviar sondas más allá de Plutón, todavía hay luces en el cielo que nos desconciertan. Fenómenos que no sabemos si son reflejos, errores del sensor o, quizás, algo que aún no tenemos nombre para nombrar.

¿Significa esto que los OVNIs existen? No exactamente. Significa, más bien, que la ciencia ha decidido mirar hacia arriba sin prejuicios. Que ya no se trata de creer o no creer, sino de observar, medir, cotejar. Como quien busca constelaciones en una sopa de estrellas.

Porque al final, el verdadero salto no está en detectar una nave de otra galaxia, sino en ver cómo el escepticismo y la curiosidad —dos fuerzas antagónicas pero necesarias— se dan la mano para explorar lo inexplicable. La antítesis perfecta: razón y misterio, caminando juntos bajo el mismo cielo.

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