La NASA confirma que el misterioso objeto que atraviesa el sistema solar es un «visitante interestelar»

Un misterioso forastero cósmico atraviesa nuestro vecindario solar a toda velocidad, dejando tras de sí un rastro de preguntas y asombro.
misterioso objeto que atraviesa el sistema solar

Mientras la Tierra sigue su tediosa rutina de girar y girar —como un oficinista que bosteza frente al reloj—, algo insólito ha irrumpido en nuestro barrio solar con la discreción de un ladrón elegante que, lejos de esconderse, brilla con luz propia.

La NASA, siempre tan comedida, ha confirmado que el misterioso objeto que atraviesa el sistema solar es un "visitante interestelar", apenas el tercero jamás detectado. Su nombre inicial, A11pl3Z, parecía sacado de una contraseña olvidada, pero ya ha recibido su bautismo oficial: 3I/ATLAS. Y como buen invitado excéntrico, no llega solo: trae consigo una nube brillante de gas y hielo, una especie de bufanda cósmica que ondea mientras se desliza a unos modestos 245.000 km/h.

The first images of 3I ATLAS
Las primeras imágenes de 3I/ATLAS sugirieron que podría haber sido un asteroide. Sin embargo, la NASA ahora predice que es un cometa.

Descubierto entre el 25 y el 29 de junio por el sistema ATLAS —una red de telescopios en Hawái, Chile y Sudáfrica—, el objeto ya había sido cazado en imágenes anteriores, escondido como un guiño secreto entre las estrellas desde el 14 de junio. Su trayectoria es tan plana y recta que haría sonrojar a cualquier planeta, y no responde a la gravedad del Sol. Va de paso, con la indiferencia altiva de quien solo viene a mirar y seguir su camino.

Los científicos, inicialmente, pensaron que se trataba de un asteroide, como aquel viejo conocido, ‘Oumuamua, el objeto alargado que en 2017 desató teorías sobre naves alienígenas antes de revelarse como un inofensivo trozo de roca y hielo con gases traviesos. Pero 3I/ATLAS ha comenzado a mostrar signos sutiles de actividad cometaria: una coma luminosa, un rastro brillante… Algo así como descubrir que el vecino misterioso, además de elegante, también tiene un perfume embriagador.

Por ahora, el tamaño de este cometa errante es un enigma. Se estima que podría medir hasta 20 kilómetros de diámetro —el equivalente a la mitad de Manhattan, pero flotando entre planetas. Actualmente, se encuentra a 4,5 veces la distancia entre la Tierra y el Sol, y se acercará peligrosamente (bueno, relativamente hablando) el 30 de octubre, pasando a 1,4 unidades astronómicas del Sol.

Eso sí, a los amantes del apocalipsis les conviene bajar las antorchas: la NASA ha sido clara en su advertencia diplomática. El objeto no representa ninguna amenaza para la Tierra; su punto más cercano a nuestro planeta será en diciembre, cuando pase a unos confortables 240 millones de kilómetros de distancia. Más lejos que Marte en su peor humor.

Eso sí, no lo veremos con telescopios caseros todavía, aunque pronto podría iluminarse lo suficiente para brindar un espectáculo digno de película. Incluso habrá un evento transmitido en vivo por el Virtual Telescope Project. Irónicamente, mientras muchos se empeñan en mirar las pantallas, el verdadero show estará ahí, en la vastedad, cruzando a toda velocidad como un viajero que jamás volverá.

Curiosamente, algunos ya planean espiar a este cometa con los instrumentos más poderosos de la humanidad: el Observatorio Vera C. Rubin, el telescopio espacial James Webb e incluso, por qué no, los rovers marcianos. La obsesión humana por observar lo inalcanzable sigue intacta.

En este desfile cósmico, 3I/ATLAS encarna una ironía deliciosa: un viajero eterno, proveniente de algún rincón remoto de la galaxia, que pasa rozando nuestra casa sin que podamos detenerlo, atraparlo o comprenderlo del todo. Un recordatorio elegante y frío de que el universo no es un sistema cerrado, sino una feria ambulante de misterios, donde lo desconocido sigue paseando, indiferente, mientras nosotros lo miramos con la boca abierta.

Quién sabe, quizá en otro sistema solar, en este mismo instante, un cometa terrestre esté dejando a alguien tan perplejo como nosotros.

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