El Universo: ¿un espectáculo con final anunciado en apenas 7.000 millones de años?

Una teoría audaz sugiere que el cosmos dejará de expandirse y comenzará su contracción final, cambiando todo lo que creíamos sobre el destino del Universo.
El Universo empezará a contraerse en 7.000 millones de años

Desde tiempos inmemoriales, los humanos hemos mirado las estrellas con la misma mezcla de asombro y resignación con la que uno observa una vela a punto de consumirse. ¿Se apagará el Universo en un susurro helado, expandiéndose hacia la nada eterna? ¿O terminará, como suelen hacerlo las buenas tragedias, en un final abrupto y devastador?

Pues bien, un grupo de físicos de la Universidad de Cornell, la Universidad Jiao Tong de Shanghái y otras instituciones ha decidido que ya es hora de dejar la incertidumbre y ponerle fecha al apocalipsis cósmico.

Armados con datos de ambiciosos proyectos como el Dark Energy Survey y el Dark Energy Spectroscopic Instrument, estos científicos han elaborado un modelo que predice, con una puntualidad casi grosera, que el Universo morirá en un “Big Crunch” dentro de, atención, 33.300 millones de años.

Dado que nuestro Universo tiene actualmente unos 13.800 millones de años, esto nos deja con unos 20.000 millones de años para, digamos, poner nuestras cuentas en orden antes de que todo —galaxias, estrellas, átomos y pretensiones humanas— se disuelva en un punto diminuto.

Este estudio lanza un dardo envenenado contra la vieja creencia de que el Universo se expandirá por siempre. Según los investigadores, en unos 7.000 millones de años alcanzaremos la expansión máxima y, a partir de ahí, el Universo empezará a encogerse, como un globo que ha perdido su último aliento.

¿La clave de esta tragedia cósmica? La esquiva energía oscura. Ese enigmático motor que representa el 70 % del Universo y que, durante décadas, se pensó que era una especie de “fuerza constante” dedicada a ensanchar el espacio indefinidamente.

Pero, como suele ocurrir con los villanos más complejos, la energía oscura podría no ser tan predecible. Nuevas observaciones apuntan a que podría tener un comportamiento más caprichoso. El modelo propuesto por estos físicos incorpora una partícula ultraligera llamada axión y un inquietante invitado: una constante cosmológica negativa.

Imagínalo como una gigantesca liga elástica cósmica. Al principio, el Universo se estira alegremente mientras la liga se expande. Pero llega un momento en que la tensión supera la expansión, y todo empieza a retraerse, como si el espacio mismo decidiera desandar sus pasos.

Según el modelo, el Universo seguirá expandiéndose durante los próximos milenios, pero cada vez más despacio, hasta alcanzar su tamaño máximo —aproximadamente un 69 % mayor que el actual— en unos 7.000 millones de años. Después, vendrá la lenta pero irreversible contracción, hasta que la gravedad y la constante cosmológica negativa terminen por aplastar todo en una implosión final, rápida y violenta.

Eso sí, los propios autores advierten que su predicción es un acto de audacia, con márgenes de error colosales. El misterioso ingrediente que impulsa este escenario —la constante negativa— sigue siendo más una especulación elegante que un hecho comprobado. Otros finales, como la expansión eterna, aún siguen sobre la mesa.

Lo realmente fascinante de este estudio no es solo su audacia, sino que pronto podría ser puesto a prueba. En los próximos años, nuevos proyectos astronómicos medirán con mayor precisión el comportamiento de la energía oscura. Así, podríamos confirmar, refinar o descartar de una vez por todas el guion del Big Crunch.

De todos modos, incluso si se confirma, un plazo de 20.000 millones de años no es precisamente motivo de alarma. Basta recordar que la vida compleja en la Tierra apenas lleva 600 millones de años y que, para cuando el Universo comience su colapso, el Sol ya habrá muerto y nuestra galaxia habrá chocado con Andrómeda en un vals galáctico sin testigos.

Sin embargo, hay algo profundamente conmovedor en todo esto. Por primera vez, hemos logrado arrancarle al Universo una respuesta concreta sobre su destino final. Y, curiosamente, lo que hallamos no es solo un final... sino un reloj de arena gigante que ya ha comenzado su cuenta regresiva.

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