¿Por qué algunas personas necesitan dormir menos (y tú no)?

Algunas personas despiertan frescas como lechugas con solo 4 o 5 horas de sueño. Tú, en cambio, necesitas tres cafés para recordar tu nombre. ¿Por qué?
Por qué algunas personas necesitan dormir menos

Hay mañanas en que abrir los ojos se siente como arrancar una grúa oxidada. El cerebro va con retraso, los pensamientos resbalan como jabón mojado, y la cama te lanza súplicas mudas para que regreses. Pero… ahí está esa persona. Tú conoces al menos una. Esa criatura misteriosa que duerme apenas cinco horas —a veces menos— y amanece chispeante, creativa, lista para correr una maratón o planear una startup antes del desayuno. ¿Brujería? ¿Cocaína? ¿Meditación tibetana?

No. Genética.

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El club exclusivo de los “dormilones breves”

Estos humanos, técnicamente llamados natural short sleepers, son raros. No se trata de gente que duerme poco por obligación (los padres primerizos, por ejemplo, que caminan como zombis con café en la mano), sino de personas que naturalmente necesitan menos sueño. Y no lo pagan con bostezos ni ojeras. Su cuerpo y su mente simplemente funcionan con lo que para otros sería una condena a la mediocridad cerebral.

Desde hace años, los científicos intentan descifrar el misterio. ¿Por qué algunos necesitan nueve horas y otros cinco? ¿Dónde está ese interruptor biológico que define tu destino somnoliento?

El gen DEC2: el primer sospechoso

En 2009, la neuróloga Ying-Hui Fu y su equipo en la Universidad de California, San Francisco, descubrieron una pista clave: una mutación en el gen DEC2 en una madre e hija que parecían inmunes al sueño prolongado. ¿La prueba? Modificaron ratones para que tuvieran esa misma mutación. Resultado: ratones hiperactivos que dormían menos. Como si tuvieran una alarma interna que no permite apagar el modo “on”.

Este gen está relacionado con la producción de orexina, una hormona que regula la vigilia. En la mayoría, DEC2 baja la producción de orexina por la noche y la vuelve a subir al amanecer. Pero en los dormilones breves, el freno está flojo: más orexina, más vigilia, menos sueño.

Nuevos genes, nuevas pistas

Diez años después, el equipo de Fu descubrió otro gen con efectos similares: ADRB1. También se modificaron ratones y, otra vez, durmieron menos. Esta vez, el gen mostraba actividad en el puente dorsal, una zona del tronco cerebral que regula el sueño. Cuando se estimulaban ciertas neuronas ahí, los ratones despertaban de inmediato. Como si llevaran café en las venas.

Después vino una familia digna de estudio: un padre y su hijo que dormían 5.5 y 4.3 horas, respectivamente, y vivían como si nada. ¿La causa? Una mutación en el gen NPSR1, responsable de regular la vigilia. Los ratones con esta mutación no solo dormían menos, sino que rendían mejor en pruebas cognitivas incluso tras ser privados de sueño. Dormían poco, sí, pero su cerebro seguía afilado como navaja nueva.

Y por si fuera poco, en 2021 apareció un cuarto gen implicado: mGluR1, mutado en dos familias distintas. El patrón se repetía: menos sueño, más actividad cerebral, más energía. El insomnio nunca había sonado tan privilegiado.

¿Y si intento entrenarme para dormir menos?

se puede entrenar para dormir menos

Aquí llega el balde de agua fría. Si estás pensando que podrías “entrenar” tu cuerpo para dormir cinco horitas y un espresso... lo sentimos. No funciona así.

Como explica la doctora Elizabeth Klerman, neuróloga de Harvard, la cantidad de sueño que necesitas está escrita en tu código genético. No importa cuántas apps de biohacking descargues ni cuántas duchas frías tomes al amanecer: no puedes reprogramar tu biología a voluntad.

Claro, puedes acostumbrarte a dormir poco, pero no sin consecuencias. Pensamiento lento, reflejos de tortuga, problemas de memoria, riesgos cardiovasculares... Es el precio invisible que muchos pagan por vivir como si fueran parte del club de los “dormilones breves”, sin realmente pertenecer a él.

La analogía que usa Klerman es tan precisa como poética: “Recortar el sueño voluntariamente es como detener una lavadora a mitad del ciclo de centrifugado. ¿Quién haría eso?”

Entonces… ¿por qué existen estos mutantes del sueño?

Esa es la gran pregunta. Tal vez, en algún momento de la evolución, hubo ventajas para quienes podían dormir poco sin desfallecer. Más tiempo para cazar, vigilar o inventar el fuego. O tal vez sea, simplemente, una rareza genética que nos recuerda que incluso el sueño —esa actividad tan humana, tan universal— también tiene excepciones.

Así que la próxima vez que veas a alguien sonriendo a las 6 de la mañana después de haber dormido 4 horas, recuerda: no es que sea más productivo, ni más disciplinado. Es, literalmente, otro tipo de ser humano.

Y tú, si puedes, duerme tus ocho horas. No es pereza: es biología.

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